¿Un abrazo para salvar al mundo?

Ayer fui a ver a Amma, la maestra espiritual conocida por haber dado más de 25 millones de abrazos individuales en su vida, en su primer viaje por latinoamérica. Cuando me enteré por las noticias que iba a ocurrir este evento en el espacio riesco a no más de 20 minutos de donde vivo, inmediatamente supe que no podía faltar. Después de todo, ¿qué tan a menudo tiene uno la oportunidad de conocer a un gurú espiritual personalmente, sobre todo si uno vive en Chile? Sabía que me iba a tomar todo el dia estar allá, pero iba a valer la pena.

Llegué cerca de las 11:30 de la mañana, solo para enterarme que recién a las 17:30 iba a tener el privilegio de hacer una cola para sacar número y recibir un abrazo a partir de las 10 de la noche. Armado de paciencia, aproveché el pastito, el sol, la fuente de agua y mis infaltables compañeros Mozart y Beethoven en el pendrive. A las 4:30 me puse a esperar en la fila. Había cualquier cantidad de gente, y por suerte yo estaba relativamente adelante, lo cual me iba a significar una hora de regreso razonable.

Finalmente, dieron las 7 cuando me encontraba sentado en el suelo de la sala, y empezó la ceremonia. Tras la bendicion de agua y la reparticion de esta, Amma dio un discurso sobre el amor, la compasion y el sufrimiento. Su mensaje fue bastante simple, pero claro. Un mensaje que rompe las barreras de los idiomas y las religiones, para hablar sobre la esencia de la existencia humana. Posteriormente hubo una meditación grupal, la cual fue muy intensa por todas las personas congregadas, pronunciando la sílaba Om al unísono. Fue una experiencia hermosa. Nunca había sentido algo parecido, y debo decir que juntar miles de personas en un mismo lugar con el mismo propósito, realmente es algo muy poderoso.

Cerca de las 9 nos levantamos, y a seguir esperando se ha dicho. A mi me tocó la letra H debido a que ya había llegado en la mañana. De todas formas iba a tener que esperar un par de horas más, y la fila de los stands de comida era espantosa. Pero la paciencia es una gran virtud, o así dicen, y ese día tuve abundantes posibilidades de poner la mía a prueba. Dieron las 12:30 más rápido de lo que esperaba, y ya me iba a tocar a mi.

El Abrazo

Fue muy breve, pero intenso. Los ayudantes de Amma guiaban a la gente para que todo el proceso fuera lo más eficiente y rápido posible, lo que es comprensible, pero aún así restó un poco de la experiencia. En realidad el abrazo en si fue bastante decepcionante en relación a la experiencia que ofreció todo el día, una culminación que fue bastante menos de lo esperado. Había presentido que iba a ser así, que las expectativas de esos pocos segundos eran demasiado altas. Pero tal vez esa es la lección que fui a aprender allá. ¿Por qué ese momento específico debía ser más relevante y solemne que todos los momentos que lo rodeaban, que todos los momentos de ese día, de toda mi vida? Un abrazo es un abrazo, y más que entregarme algún conocimiento místico que arregle mi vida de un golpe, simplemente me recordó que, dejando de lado todo el misticismo que a nosotros los humanos nos gusta poner en las vivencias espirituales, en realidad soy solamente yo el que está cargo de mi propia vida. Depende de mi hacer que cada momento de ella sea especial de su propia manera, digno de ser vivido con todos mis sentidos abiertos al máximo.

Al final del día, las lecciones de Amma son sencillas y sin pretensiones, pero tienen una manera especial de inundar todo tu ser. El amor es universal y no conoce barreras ni límite. Tal vez otros te puedan dar la oportunidad de despertar y vivir tu vida plenamente, pero el que debe dar ese paso eres tu mismo. Nadie lo puede hacer por ti. Nadie te puede imponer sus valores y visión del mundo, y solamente la tolerancia puede llevarnos a una existencia espiritual plena. Respeto mucho a Amma, no solamente por las acciones que hace en todo el mundo, pero también porque no pide que te unas a su creencia, o que vivas de una determinada forma, o que pagues dinero por el privilegio de conocerla. Al mundo le hacen mucha falta los seres así de abiertos y generosos.

La mejor forma de la que puedo resumir esta lección aprendida es que cada momento de la vida es espiritual, lo queramos creer o no. Nosotros somos los que elegimos que hacer con cada uno de ellos. Es un sólido fundamento que debiesemos considerar siempre, independiente de lo que creemos y de como decidamos vivir. ¿Un abrazo gratuito será suficiente para llevar este mensaje a toda la humanidad? Depende solamente de nosotros.

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